Obeliscos partidos bajo limbos de acero
subterraneos abiertos repletos de cenizas
todo destruido, todo derruido, todo muerto.
Millares de hombres diseminados sobre toda la superficie de la tierra,
el mar desbordado de cuerpos,
todo contaminado, guerras fantasmas respirando el retrazo del hombre hecho piedra
todo consumado, todo intacto, tan rigido como un cuadro terminado hace siglos.
Oceanos hechos desiertos, transformados en campos de exterminio,
transformados en nuevos desiertos.
Ciudades empapeladas con pancartas de distintos partidos extremistas
repletas de leyendas y rostros dominantes,
paises sumergidos bajo tierra asomando sus rascacielos
costales de oro y piedras preciosas colgando de ruinas de palacios lujosos.
El aire ya no existe, el sol no toca el suelo,
el acido no cesa de caer.
Filas de soldados caidos a orillas de mares, apilados en las esquinas,
amontonados en las barricadas, carcomidos por los animales.
Nada ni nadie existe, el hombre a caido, el hombre a caido a manos del hombre
todo sin vida, todo putrefacto, todo muerto.
Y en medio de todo ese infierno fantasmal algo parece asomar,
en medio de todo aquel silencio algo parece respirar.
En medio del odio y la muerte la vida parece crearse a sí misma.
Son ellos...
Desnudos saltan las barricadas y los tanques partidos,
pasean por las trincheras y juegan con las olas
luego se sientan junto a una roca como esperando algo o a alguien.
Hombre y mujer,
Los primeros, los ultimos...
buscan algo en el cielo.

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